TERRITORIOS

¿Repoblar…según con quién?

En una conversación mantenida días atrás, sobre estos temas de despoblación rural, uno de mis interlocutores apuntó una solución sencillísima: “Pues mira qué es fácil: con la de gente que emigra y que quiere emigrar, de África y de por ahí, te los traes a las aldeas y los pueblos, y ya está, pero no se hace”…
Texto publicado por Miguel A. Gracia Santos en su blog consultoraeuropea

Original aquí.

En una conversación mantenida días atrás, sobre estos temas de despoblación rural, uno de mis interlocutores apuntó una solución sencillísima: “Pues mira qué es fácil: con la de gente que emigra y que quiere emigrar, de África y de por ahí, te los traes a las aldeas y los  pueblos, y ya está, pero no se hace”…La sencillez de la propuesta resultaba casi enternecedora, muy acorde con estos tiempos de tuits, inmediatez, pensamientos cortos e incapacidad para leer más allá de las primeras cuatro posiciones de Google…pero  el mundo es mucho más complejo, y se resiste a estas categorizaciones tan simplonas.  No obstante, la propuesta sí merece alguna reflexión.

Con carácter previo, esta idea parte del supuesto de “dar por buena” la idea de repoblar, es decir, la idea de que la despoblación es un fenómeno intrínsecamente malo, contra el que hay que luchar.  Y si no hay jóvenes en los pueblos que se vayan a quedar allí, lo que hay que hacer es traerlos de otros lugares (ya sea una gran ciudad, ya sea el África subsahariana, pongamos por caso).  Esta idea obvia el carácter global del fenómeno de la urbanización (hoy mismo leía que un tercio de la población de España vivirá en Madrid y Barcelona en 2035) y por ello es una lucha sin victoria posible; cuando, por el contrario, deberíamos más bien centrarnos en las oportunidades que ofrece la despoblación: un enfoque adaptativo y resiliente, en lugar de reactivo…

Pero, dado que, al menos, una mínima parte de gente joven sí que va a hacer falta para manejar el territorio, ¿qué nos hace pensar que serían los emigrantes quienes lo hicieran?  ¿qué nos hace pensar que, donde los autóctonos no han encontrado oportunidades ni proyecto de vida, lo van a encontrar los emigrantes?  Me da la sensación de que, en ese discurso, que veces se viste incluso de progresía, subyacen en realidad algunos clichés de tinte xenófobo o incluso racista, y me explico:

Para empezar, los hechos hablan por sí solos: en los años de la burbuja inmobiliaria y la “bonanza” económica, cuando España era destino de la inmigración -latinoamericana, magrebí, rumana…-, ésta también llegó a pueblos del interior peninsular: gente que se dedicó a trabajar en la construcción, o como pastores, o cuidando ancianos a todas horas del día, o llevando el bar…Gente “para todo”, trabajando muy duro, en trabajos de escaso valor añadido y normalmente mal pagados…A pesar de esta precariedad, algunos debían de pensar que debía parecerles “Jauja”, comparada con las condiciones de su vida anterior (guerras, corralitos, persecuciones políticas, miseria en general…), y veían en estos “nuevos pobladores” la prueba de que el medio rural contaba con recursos y posibilidades para sostener población joven, y encima era “acogedor” con dichos nuevos pobladores.

La crisis económica rompió el espejismo y mostró claramente las contradicciones del modelo: muchos inmigrantes, faltos del trabajo en la construcción y servicios, marcharon hacia las ciudades, o hacia otros lugares, en busca de oportunidades.  Hay quien les tildó de “desagradecidos” (“¿Acaso no les habíamos dado un trabajo y un lugar donde vivir, a ellos que venían de la miseria…?”), olvidando que a ningún ser humano se le puede negar la oportunidad de progresar y de mejorar su proyecto de vida, y olvidando también la más mínima autocrítica acerca de las condiciones ofrecidas: trabajos duros, sin horario, con escasas garantías sociales, sin posibilidad de desarrollo profesional o personal…y, además, la desconexión con sus raíces (para ellos y para sus hijos), desde todos los puntos de vista.

Hoy, parece que esa lección, en líneas generales, no se ha aprendido.  Se multiplican los foros y las alianzas “contra la despoblación” y “por el medio rural”, pero su acento sigue puesto en el victimismo, en el “abandono” por parte de las administraciones hacia quienes “allí viven”, con especial énfasis en las infraestructuras (sobre todo) y los servicios públicos.  Sin embargo, casi nunca se menciona la necesidad de una política integral de inmigración, que reconozca la urgencia de su participación en la recuperación del medio rural, pero al mismo tiempo reconozca el valor de esas personas como tales, como personas, no como mano de obra barata o como simple “herramienta”, no como “moros” o “negros” o “rumanos” con los que contar para los trabajos más duros sin preocuparse mucho de ellos…Parece que, por ser emigrantes y venir de situaciones muy difíciles, ya puedan o deban conformarse con cualquier cosa.  Es más, algunos de estos foros y movimientos empiezan a estar cooptados por posiciones muy reaccionarias y, en esta cuestión, abiertamente xenófobas.

Una honrosa excepción a este olvido es, por ejemplo, la “Directriz aragonesa de política demográfica y contra la despoblación”, que sí recoge numerosas iniciativas para reforzar el papel de los inmigrantes contra la despoblación, pero al mismo tiempo cuidando las facetas personales, profesionales, culturales, etc….de dichas personas inmigrantes.  El recorrido real de esta Directriz, desde el papel y las buenas intenciones hasta su aplicación concreta, es ya otra cuestión…

¿Pueden venir emigrantes al medio rural? Por supuesto.  ¿Vendrán a los pueblos más pequeños y en mayor declive demográfico? No: esto ya ha pasado: los emigrantes van a las capitales, a las cabeceras y a los núcleos más dinámicos, pero no a los más pequeños.  Pero es un camino que hay que recorrer igualmente, para crear círculos virtuosos en torno a necesidades complementarias: buscar un proyecto de vida para personas vulnerables que huyen de situaciones sencillamente horribles en muchos casos, y que éstos puedan aportar su savia a un medio rural y una sociedad que los cuide, los reconozca y los merezca.

Miguel Angel Garcia Santos

Miguel Angel Garcia Santos

Soy consultor especialista en proyectos europeos y desarrollo local y rural, y vivo en Alcañiz (provincia de Teruel, Aragón, España). Durante 6 años fui técnico de en proyectos europeos de Desarrollo rural y Medio Ambiente en el Centro para el Desarrollo del Maestrazgo, que gestionaba la Iniciativa LEADER II de desarrollo rural. Durante 7 años viajé por el mundo, dedicado a la exportación de productos locales: primero la cerámica y luego los productos agroalimentarios (gestionando el primer consorcio de exportación de la provincia de Teruel). Durante 4 años he trabajado en una empresa consultora de proyectos europeos, especializándome en el programa LIFE, dedicándolo a temas como ciudades sostenibles, lucha local contra el cambio climático, infraestructuras verdes, o prevención de incendios forestales.