OPINION TERRITORIOS

La Canal Roya

Foto: El Pirineo Aragonés

 

Nunca pensé que tuviera que escribir a favor del estado natural de la Canal Roya. Creía con ingenuidad que sus calidades, tan evidentes, la hacían inviolable, que cualquiera con un mínimo de amor a la montaña, de conocimiento, sensibilidad y respeto, la admiraría y protegería.

Pero mi confianza en quienes planean los destinos de nuestros territorios y paisajes de dominio natural ha sido una vez más defraudada y hay previstos proyectos de inversiones elevadas para convertirla en un soporte de pilonas, torres, cables, transporte mecánico por las alturas y remedo de parque de atracciones, que acabarán con el frágil legado de su espléndida muestra de naturaleza pirenaica. Tras la pérdida de Espelunciecha, al otro lado del collado, por mera expansión del terreno industrial a costa del natural, sacando dinero de donde no parece el fondo más adecuado, proseguirá tercamente la pérdida de espacio de valor natural por uno de los paisajes altoaragoneses mejor cualificados. Por esta Canal aún corren libres los viejos espíritus de la montaña, esquivos y delicados, pero huirán irremediablemente cuando comience la instalación de los teleféricos, al golpe del primer martillazo que suene en el valle, rebote en el Anayet y repita el eco del pico de Malacara.

No se hace, pienso, como pudiera parecer, por exclusivo deseo de dañar la naturaleza pirenaica, aunque quién sabe, sino para aumentar negocio. Pero todo tiene sus límites, señores, incluso el dinero. Si alguien propusiese hacer un aparcamiento en el lugar actualmente ocupado por el Museo del Prado, como algo mucho más útil para el vecindario, nos rasgaríamos las vestiduras.

Pues no es un caso diferente hacer de la naturaleza de la espléndida Canal Roya y su profundo misterio un carrusel para que tal reconversión incremente las ganancias en la industria del esquí. Si se tiene la gran suerte de poseer esta naturaleza tan valiosa, como aquí ocurre, hay que estar a la altura que reclama y preservarla. La justificación económica, aparte de discutible en sus mismos planteamientos, no da vía libre a embestir contra toda calidad territorial, sino que exige, al contrario, en un temple civilizado, un claro deber de cuidado y preservación.

De modo que hay dos modelos de actuación contrapuestos en la actuación en buena parte del espacio pirenaico. Uno, el vigente -como en el resto del espacio aragonés por ejemplo con los aerogeneradores-, es el de explotación como mero recurso especulativo, sin contemplaciones. Otro, el deseable pero no visible en casos como el de la Canal Roya, es el de atención, respeto y conservación, por sus altos e indiscutibles valores naturales y por su muy elevada capacidad educativa. Un equilibrio ponderado entre la consideración sectorial del territorio como un uso productivo y un explícito cuidado del paisaje excelente como un legado vendría a ser la opción propia de una gobernanza madura, ecuánime y que emprende acciones culturalmente responsables. No está siendo así, y la apuesta especialmente imprudente por la perturbación de paisajes tan valiosos como los de la Canal Roya en detrimento de su protección nos deja sin esperanzas.

Lugares tan notables -la Canal Roya es sin duda uno de ellos- tienen valores universales, no sólo locales, por lo que su petición de respeto nos alcanza a todos y por eso escribo estas líneas. Tal vez fuera lo mejor dejar la naturaleza como está, pero hoy sería cándido creer que, sólo por tener calidad, se respetará sin más. Por la amenaza constante que se cierne sobre ella en casos bien concretos, no sólo en abstracciones, es decir, localizables en el mapa, es necesario contraponer otro modelo territorial claro, basado en el conocimiento, la admiración, la mesura, la generosidad y hasta el afecto por los lugares. Nuestra propuesta es conocida y tiene dos actuaciones complementarias que, pese a su reiterado rechazo, volvemos a exponer: por un lado, hay que ampliar el reducido Parque Nacional de Ordesa, adosándolo al del Pirineo francés por la alta montaña, hasta incluir la cuenca del río Aguas Limpias. Por otro, debe culminarse la declaración definitiva del Parque Natural del Anayet, que contendría la Canal Roya hasta el valle del río Aragón, con suficiente grado de protección para evitar daños como el que se proyecta y avecina. Ambos parques, complementarios, deberían ser el objetivo explícito y esperable de un buen gobierno que amase de verdad los sitios que le corresponde administrar.

No confío en que sea así, por experiencias pasadas. Sólo me queda, por último, utilizar el recuerdo de una broma que un conocido escritor italiano escribió cuando se pretendió construir un teleférico al Cervino; dijo entonces que el fantasma de Whymper se aparecería de noche al ingeniero del proyecto para tirarle de las piernas cuando dormía. Cuenten con mi fantasma para hacer lo mismo con quienes pretenden algo parecido en la Canal Roya, en posible colaboración, ya se lo preguntaré, con los de Ramond y Briet. A mis años, no tengo ya nada mejor a que recurrir.

 

Eduardo Martínez de Pisón

Doctor en Geografía (1975). Fue profesor agregado de Geografía de la Universidad Complutense de Madrid (1975/1976-1978). En 1978, fue nombrado catedrático de Geografía de la Universidad de La Laguna (Tenerife), donde estuvo hasta 1981/1982. Desde 1981 hasta 2007 fue catedrático de Geografía Física de la Universidad Autónoma de Madrid. Desde octubre de 2007 desempeñó la docencia como catedrático emérito de Geografía de esa misma universidad. Geógrafo, escritor y alpinista, es uno de los nombres indiscutibles del ecologismo en España.