OPINION

40 años buscando un Aragón libre y solidario

Cuatro décadas después de las enormes manifestaciones en favor de un mayor autogobierno para Aragón las corrientes políticas mayoritarias han abandonado muchas de las reivindicaciones históricas ante un territorio que permanece bajo similares amenazas  

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El 23 de abril de 1978 alrededor de 150.000 personas se manifestaban en Zaragoza, un día después de que varias decenas de miles lo hicieran en Uesca, impulsando un cambio en Aragón que le llevara a una mayor autonomía de un Estado español que trataba de deshacerse de los lazos del franquismo.

Aquella fue una manifestación histórica que perdura en el recuerdo de muchos y muchas aragonesas, y que llegaba apenas dos semanas después de la constitución de la Diputación General de Aragón en Calatayud. En aquella sesión se alcazaban dos primeros acuerdos: “declarar que la bandera de Aragón es la constituida por las cuatro barras rojas horizontales sobre fondo amarillo, a la que se podrá incorporar el escudo de Aragón, y declarar Día de Aragón el 23 de abril, festividad de nuestro señor San Jorge, en atención al carácter tradicional e histórico de esta fecha”.

Aquellos dos acuerdos son dos de los pocos avances que perduran en la actualidad fruto de una época en la que la amenaza del trasvase, los proyectos nucleares o la despoblación espoleaban a la población aragonesa en la búsqueda de la Autonomía como sinónimo de mayor libertad y empoderamiento.

El nacimiento de la Diputación General de Aragón llegaba como consecuencia del acuerdo de preautonomía, que desde las elecciones de 1977 se venía reclamando en Aragón. El estatus de Autonomía pensado en principio para las denominadas “nacionalidades y regiones históricas”, que comprendían únicamente a Catalunya, Euskadi y Galiza, se comenzaba a fraguar también en Aragón. Pero, ¿hasta donde llegaría? El tiempo demostraría que muy poco más allá, a pesar de las enormes movilizaciones de la época.

En 1982 se firmaba el primer Estatuto de Autonomía de Aragón y a partir de ahí parecieron disolverse las reivindicaciones aragonesas de mayor libertad, anuladas quizá por una serie de gobiernos: PAR, PSOE y PP, que terminaron por anular la causa de un territorio que la Historia asegura es tan “nacionalidad” y tan “histórica” como otros. Desde entonces, tan solo las amenazas de trasvase han logrado unir a miles de aragoneses y aragonesas en las calles, obviando sus vinculaciones políticas.

Aquel estatuto sería reformado en 2007, y las aspiraciones de un construcción de un Aragón autónomo, libre y solidario se desvanecían en pos de la unidad de España y la Constitución del 78 como corsés inmutables. Unos corsés que quienes se han atrevido a cuestionar corren el peligro de ser tratados como locos, y quien sabe si como terroristas.

Hoy, en 2018, once años después de la reforma del Estatuto de Aragón, y cuarenta después de aquellas manifestaciones que emocionaron a cientos de miles de aragonesas y aragoneses, las cosas siguen estando cerca de como quedaron en 1982.

Competencias propias en agricultura, medioambiente, agua o transportes que siguen siendo de poca utilidad cuando vemos como la agricultura sigue supeditada a los precios que se dictan en los mercados; unas aguas amenazadas de forma constante por la activación del enésimo Plan Hidrológico Nacional; o unos transportes que siguen reivindicando la reapertura del Canfranc o la reversión de autopistas de las que hace días que concluyeron sus concesiones, y siguen influyendo en que decenas de aragonesas y aragoneses fallezcan en pequeñas carreteras que discurren paralelas a las grandes vías de beneficios privados.

Hoy como ayer, las reivindicaciones de 1978 están igual de presentes. La amenaza de trasvase es algo que se esgrime constantemente desde el Levante, y poquito a poco, también desde Madrid. La despoblación ha aumentado y no existe un apoyo económico real desde el Estado para tratar de revertirla. Las amenazas nucleares de los 70 ahora son otras, pero nuestro territorio despoblado ayuda a grandes empresas a emprender proyectos que afectan medioambientalmente más que social o económicamente.

Pero en lo político, hoy no es como ayer. Los regionalistas de antaño son ahora españolistas. Los otrora nacionalistas aragoneses ahora aragonesistas. Y aquellos defensores de la República Federal, dicen seguir siendo republicanos pero monárquicos. Así que este 23 de abril no esperen que los políticos salgan de las instituciones a reivindicar nada. Porque cuarenta años son muchos.

Arainfo Zaragoza

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