SUCESOS

Crónica de un homicidio inesperado

 
 
 
Plácido Diez

Original: Blog La carretera. Análisisy reflexiones de un caminante

22 de febrero de 2022. 22 del 2 del 22. Siete años después del homicidio del comerciante de Fuentes Claras Luis Esteban continúa sin hacerse justicia, continúa sin haber reparación porque los dos presuntos autores materiales están en búsqueda y captura, disfrutando del dinero robado, y gozando de la impunidad de residir en Marruecos, país con el que, inexplicablemente, España no tiene tratado de extradición y, en consecuencia, no se les puede perseguir ni detener salvo que pisen suelo europeo o de algún país con el que España haya firmado tratado de extradición. Desde Fuentes Claras se reclama a las autoridades españolas que no lo olviden, que lo tengan en cuenta, que se mantengan vigilantes porque, de lo contrario, la confianza en las instituciones se resiente. Los ciudadanos que le conocíamos y le queríamos, en particular los vecinos de la comarca del Jiloca, sentimos indefensión al recordarle y tenemos unánimemente claro que todavía no se ha hecho justicia.
Comparto este enlace del relato que escribí el 10 de diciembre de 2017:
 

Este 11 de diciembre, el mismo día que se cumplen 30 años del atentado de ETA contra la casa cuartel de la Guardia Civil de la avenida de Cataluña de Zaragoza, que segó 11 vidas, 5 de ellas de niñas de entre 3 y 12 años, y ocasionó más de 80 heridos, ha comenzado en la Audiencia Provincial de Teruel, 2 años y casi 10 meses después, el juicio por el homicidio de Luis Esteban Zorraquino, el popular tendero de Fuentes Claras y de la comarca del Jiloca.

En un auto dictado hace un año, la titular del juzgado de instrucción número uno de Calamocha confirmó el procedimiento de jurado popular (serán 9 ciudadanos elegidos por sorteo más 2 suplentes) y desestimó las peticiones de archivo solicitadas por los abogados de los dos ingresados en la prisión de Teruel desde julio de 2015: El Fatmi Chafnaje y Rachid Lioumouri.

Antes de trasladarse desde Calamocha a su nueva jurisdicción en Lérida, su predecesor, el juez Pedro Santiago Gimeno Fernández, había desglosado en dos la causa para que pudiera fijarse el juicio contra dos de los cuatro integrantes de la organización criminal que planeó el asalto a la vivienda de Luis Esteban el 22 de febrero de 2015. A los otros dos que no han podido ser detenidos, Fadil el Hasnaoui y Mohamed Cherkaoui, un posterior auto judicial los declaró en rebeldía.

La declaración judicial en rebeldía de el Hasnaoui y Cherkaoui, que cuando sucedieron los hechos tenían 27 y 28 años respectivamente, precede al sobreseimiento provisional de su causa y a una orden internacional que permita reabrirlo y juzgarlos algún día.

Para ello, hay que superar un obstáculo jurídico ahora mismo insalvable. España no tiene acuerdo de extradición con Marruecos y está comprobado que los dos fugados embarcaron en Almería con destino a Nador, con los billetes números 88 y 93, en un ferri de la Compañía Naviera Transmediterránea a las 11 de la mañana del lunes 23 de febrero de 2015, cincuenta y un minutos más tarde de que a 700 kilómetros encontraran el cadáver de Luis Esteban.

Al no haber tratado de extradición con el país norteafricano, los policías y jueces marroquíes no han recibido ninguna orden, ni siquiera saben si se busca o no a alguien por haber cometido delitos en España.

En definitiva, la orden de detención internacional dictada por un juez español, motivada y ajustada a la normativa legal, no se puede cursar a Marruecos. A los dos fugados en rebeldía solo se les podrá detener si pisan suelo de la Unión Europea o de otro país con el que España tenga firmado un acuerdo de extradición.

Por tanto, el auto judicial trasladaba simultáneamente dos conclusiones: que la investigación estaba cerrada y que solo se podrá hacer parcialmente justicia porque, como confirmaron los análisis de manchas de sangre, al menos uno de los presuntos autores materiales del homicidio, Fadil el Hasnaoui, está fugado y no se le puede capturar. El segundo fugado, Mohamed Cherkaoui, podría ser el segundo asaltante que entró en la vivienda pero los investigadores no lo pudieron comprobar.

Las peticiones de archivo de las defensas de los dos encarcelados, El Fatmi Chafnaje y Rachid Lioumouri, se basaban en que participaron en un robo con fuerza en casa habitada pero no en un homicidio. Si la jueza de instrucción de Calamocha no las hubiera desestimado, la consecuencia penal hubiera sido que estarían en prisión un máximo de 5 años, de los que este mes se habrán cumplido casi la mitad, 2 años y 5 meses.

El salto en las condenas puede ser de 5 a 22 años de prisión, que son  los que la Fiscalía de la Audiencia Provincial ha solicitado para cada uno de los dos internos en la prisión de Teruel por tres delitos: homicidio (15 años), robo con violencia en casa habitada (5) y pertenencia a organización criminal (2).

La Fiscalía considera a El Fatmi Chafnaje y a Rachid Lioumouri cooperadores necesarios del homicidio e integrantes, junto con Fadil el Hasnaoui y Mohamed Cherkaoui, de una organización criminal que habría preparado minuciosamente desde meses atrás el asalto a la vivienda. Salvo cambios de última hora, ninguno de los dos había colaborado durante todo este tiempo con los investigadores para responder algunas de las preguntas que se han quedado sin respuesta: ¿quién fue la segunda persona que entró en la vivienda junto a el Hasnaoui?, ¿qué hicieron con la caja fuerte?, ¿cómo viajaron los dos fugados hasta Almería el domingo 22 de febrero para coger el ferri a Nador?, ¿cómo y dónde se repartieron el dinero robado?

 Un único identificado genéticamente

En septiembre de 2014 hicieron un primer viaje a Fuentes Claras y, unas dos semanas antes del asalto definitivo, tres de ellos volvieron a coincidir en Fuentes Claras: El FatmiRachid y Fadil. En la segunda ocasión, a los dos últimos los trasladó en su coche, un Audi ranchera, otro marroquí con antecedentes por malos tratos en el ámbito familiar y quebrantamiento de condena, y con el único recurso económico del Ingreso Aragonés de Inserción (IAI), al que Fadil solía utilizar como conductor.

Todos habían coincidido en la recogida de la cereza en Caspe. También el último en incorporarse al grupo, Mohamed Cherkaoui, que la noche del homicidio conduciría el coche del padre de su pareja en el trayecto desde Zaragoza a Fuentes Claras. Horas antes, Fadil le había pedido a su conductor habitual que lo llevara a Fuentes Claras “a hacer un trabajo con otro marroquí” pero no pudo ser porque el coche ya se lo había dejado a otro amigo.

Los investigadores de la Guardia Civil de Teruel, bajo el mando del entonces capitán y ahora comandante, Raúl Castillo, comprobaron que dentro de la vivienda -las huellas de las zapatillas deportivas que nunca aparecieron no dejan lugar a dudas- estuvieron dos personas con guantes pero solo ha podido contrastarse el perfil genético de uno de ellos: Fadil el Hasnaoui, con antecedentes por robo en al menos 6 viviendas de Zaragoza, en un caso de octubre de 2010 con violencia e intimidación a un ciudadano de nacionalidad china, y por delitos contra la salud pública.

Había restos suyos de ADN en las uñas de la mano derecha de Luis y en una mancha de sangre hallada en el lado izquierdo de la pared de bajada al sótano donde estaba, sin anclar, la caja fuerte del tamaño de una lavadora y de unos 90 kilos de peso que, cuando cerró la oficina de Villarquemado, le había ofrecido un empleado del desaparecido Banco Zaragozano.

Fadil debió dejar los rastros de sangre en la pared después de golpear a Luis porque la mancha tenía el perfil genético de los dos. Al violento asaltante se le pudo romper el guante por los nudillos o se le pudo extender la sangre hasta el brazo.

Está contrastado, por tanto, que hubo dos personas dentro de la vivienda pero solo se ha podido identificar genéticamente a Fadil el Hasnaoui. Los investigadores mantienen que el acompañante pudo ser cualquiera de los otros tres, entre otras evidencias porque para intentar forzar sin éxito el bombín de la puerta de entrada utilizaron una llave inglesa que se encontró en el registro de la vivienda de Rachid Lioumouri en Zaragoza.

Según se desprende de la investigación, El Fatmi Chafnaje debió ser el que hizo circular la información sobre la caja fuerte que guardaba Luis Esteban en el sótano de su casa y tienda y Rachid Lioumouri debió ser el enlace con los presuntos autores materiales del homicidio y del robo con fuerza en casa habitada, y también pudo ser el conductor en el viaje de vuelta a Zaragoza. El conductor de la prótesis en un ojo que en 2009 había sido condenado en juicio rápido por conducir bajo la influencia del alcohol o drogas: 20 meses sin carné y durante 6 meses multa de 6 euros diarios.

Cuando registraron su domicilio en el barrio de Torrero, a los investigadores les llamó la atención que, con una nómina de entre 500 y 900 euros mensuales, encontraran 640 en el bolsillo de un abrigo, otros 200 en el comedor, un reloj Kors de 279 euros, un Iphone 6 de 800 euros, un anillo de oro, prendas de marcas como NikeLacosteTommy Hilfiger, y recibos de envíos de dinero a Marruecos que no estaban acordes con sus ingresos mensuales.

 

Ambulantes de la chatarra

A El FatmiMohamed,  Fadil y Rachid, que trabajaba desde hacía varios años en una empresa de reciclajes de Cuarte de Huerva, con pareja y familia en Zaragoza, los había conectado el entorno del barrio del Gancho, la recolección de fruta y hortalizas, y en los últimos tiempos la chatarra.

En el mundo de la chatarra se han refugiado miles de inmigrantes, subsaharianos, rumanos y marroquíes, expulsados del mercado laboral con la llegada de las “vacas flacas” desde 2008. Se redujeron drásticamente los trabajos temporales y de temporada en la obra pública y privada, y en la recolección de frutas y hortalizas, se fueron agotando las prestaciones por desempleo y las ayudas sociales, y un mal día muchos de ellos se vieron atrapados por la fiebre de la chatarra, de los desechos de la burbuja económica que hasta hace poco los había reclamado.

Van de un lugar a otro, de día y de noche, sin una finalidad ni destino determinado. En las ciudades hacen maratones a pie con carritos de supermercado y un palo para rebuscar en los contenedores, y en el medio rural se desplazan con viejas furgonetas parcheadas por los vertederos municipales, por las viviendas en ruinas, por las naves abandonadas, atentos a las casas que se vacían porque han fallecido los abuelos y las quieren arreglar los hijos o las han comprado urbanitas para pasar los fines de semana y las vacaciones. Buscan, sobre todo, metales que les permitan sacarse en el mejor de los días, y es mucho suponer, 40 o 50 euros.

A miles de kilómetros de Finsbury Square, 10, de la Bolsa de Londres en la que cotizan todos los metales menos los ferrosos, miles de inmigrantes y autóctonos noqueados por la falta de ingresos para vivir buscan chatarra que si es de electrodomésticos de línea blanca les pagarán alrededor de 0,05 euros el kilo, y si es de hierro (ligero, pesado y colado) les pagarán alrededor de 0,24, 0,25 y 0,26 euros.

El aluminio ya puede subir hasta los 0,40 euros, también el plomo y el zinc están por encima del hierro, y la joya de la Corona en el mundo de los desechos metálicos es el cobre por el que se puede llegar a pagar entre 5,50 y 7,30 euros. El más cotizado es el cobre rojo, después el hilo de cobre y, finalmente, el amarillo.

En los últimos tiempos, habían caído los precios por la producción de acero chino, el gran mercado de la chatarra por su expansión urbanística, y el exceso de achatarramiento (en España se están recogiendo más de 7 millones de toneladas al año).

Para cobrar esos 40 0 50 euros en un día redondo, los itinerantes de la chatarra tienen que esperar a que el primer comprador, alguien que empezó como ellos pero prosperó en el negocio, triture todo a martillazos en la nave: calderas, tornillos, placas de ordenadores, tuberías……Después, ese primer comprador, el chamarilero, lo venderá a un mayorista y este a una fundición para transformarlo en acero.

Un mundo de supervivencia con jerarquías, en el que la línea entre el comercio, los hurtos y los pequeños robos, es muy delgada. Un mundo de supervivencia en el que es muy difícil resistir la presión familiar porque no les llega para comer o porque hay que pagar el alquiler de una vivienda con muchas deficiencias. Un mundo de supervivencia en el que algunos tienen mucha prisa y ningún escrúpulo por cambiar su suerte al precio que sea, incluido el de matar en un robo con fuerza en casa habitada.

Un asalto teóricamente fácil

Un grupo organizado de esta última categoría preparó el golpe en Fuentes Claras, el de la caja fuerte sin anclar de un tendero extrovertido y ahorrador, que vivía solo en un pueblo de menos de 500 habitantes en un frío valle en altura turolense, del que conocían sus pasos y hábitos, entre ellos que salía los sábados por la noche, que pertenecía a la escuela de los vendedores de calle a los que les gusta a diario guardar el dinero en casa, tocarlo y moverlo. Un golpe teóricamente fácil que el caprichoso dios Cronos, minuto arriba, minuto abajo, convirtió en un salvaje homicidio a sangre caliente, a puñetazos con nocturnidad y desquiciamiento.

Fadil el Hasnaoui y Mohamed Cherkaoui embarcaban en Almería rumbo a Nador cincuenta y un minutos después de que Carlos Corella Zorraquino, al que acompañaban su esposa y una vecina, descubriera el cadáver de su primo hermano en la entrada de su casa, sentado, inclinado y apoyado en la pared, atado de pies y manos, con una malla jamonera de color blanco y con un cinturón cortado de cuero negro marca “Miguel Bellido”, y golpeado brutalmente en la cabeza. Los compradores más madrugadores habían alertado al encontrarse sorprendentemente con la puerta de la tienda cerrada.

La autopsia confirmó uno o varios traumatismos craneales, la fractura más rotunda encima del oído izquierdo, y un “importantísimo” edema cerebral, además de fractura de la nariz, edema facial, hematomas en ambos ojos y hemorragias en la nariz y en los oídos. La hora aproximada de su fallecimiento: las 3 de la noche.

Por su forma de ser, echado para adelante, de los que habitualmente llevaba desabrochados los primeros botones de la camisa, y por el enorme valor material y sentimental del contenido de la caja fuerte, Luis debió oponer resistencia cuando se encontró con los ladrones al regresar de su salida nocturna, después de dejar el Renault-Laguna en una cochera de su propiedad a la entrada del pueblo para hacer a pie el último tramo, de unos 300 metros, hasta su domicilio.

¿Lo maniataron y golpearon para sacarle información sobre la caja fuerte? Todos los que le conocieron se atreven a pronosticar que jamás les hubiera dado el número de apertura de la caja. Los restos orgánicos que los investigadores encontraron en trozos de las uñas de los dedos corazón y anular de su mano derecha apuntan a que Luis se enfrentó a los allanadores. Los especialistas del departamento de Biología de Criminalística de la Guardia Civil comprobarían que esos restos orgánicos coincidían con el perfil genético de Fadil el Hasnaoui. También una mancha de sangre hallada en la parte inferior derecha de la escalera del sótano.

Los especialistas de Criminalística frotaron también hisopos de posibles manchas de sangre en el folio de una factura, en la puerta corredera metálica de acceso a la tienda, en la barra tirador de acceso a la vivienda, en el anorak negro de la víctima, en la camisa a cuadros blancos, rojos y azules, en la camiseta blanca con ribete azul del Real Zaragoza, en el pantalón y en los calcetines negros.

Y también en la escalera del sótano, en la cerradura y en la manivela de la puerta de acceso a la vivienda, en la pared junto a la mesilla de la entrada, en la pared junto y a la derecha del radiador, en la pared próxima a la puerta de entrada al comedor, en la escalera que sube a la planta primera y en el pasillo de esta última planta, así como en las escaleras y en la puerta de acceso al dormitorio de la víctima, de donde los asaltantes cogieron una manta se supone que para arrastrar la caja fuerte, en el suelo y en la pared del fondo a la derecha de la ventana de esa habitación, y en la zona ondulada del mango de una linterna depositada en un mueble auxiliar de la planta primera.

Los rastros de sangre que en su histérico deambular por la vivienda dejaron los presuntos homicidas estaban mezclados con la de Luis al que habían golpeado con los puños.

Según se puede leer en el sumario, Rachid Lioumouri confesaría a los investigadores que, cuando fueron a cargar la caja fuerte en el Golf rojo, Fadil el Hasnaoui tenía sangre en una de sus manos.

 La luz de la bodega y el oscuro túnel sin salida

“Me he debido dejar encendida la luz de la bodega”, fueron las últimas palabras de Luis, ya en la puerta de la tienda, al despedirse esa noche de los dos amigos pastores a los que quería como hermanos.

Luis y estos dos hermanos, que vivían en un barrio separado del centro del pueblo, en “El Santo”, ponían un fondo común para sus habituales salidas de los sábados. Y remataban el fin de semana quedando al día siguiente hacia las 9 de la noche en el bar de “La Curva” para salir a cenar pero el domingo 22 Luis no apareció. Les extrañó como les había extrañado que su madre, después de salir de la misa de once y media, les dijera que no había visto a Luis, que no estaba limpiando la tienda como solía hacer los domingos.

Como la puerta de la tienda da a la calle, la luz se veía a través de las troneras del sótano donde Luis tenía instalada su oficina. Segundos después, al abrir la otra puerta, la de su casa, situada en un callejón que da a la calle principal, Luis entró brusca e inesperadamente en un oscuro túnel de ciega violencia sin marcha atrás en el que presuntamente Fadil el Hasnaoui y su acompañantea los que se les debió ir de las manos la situación, iban a convertir sus últimos minutos de vida.

Dos delincuentes, uno con antecedentes violentos, atraídos por el teórico robo fácil de una caja fuerte que, al verse sorprendidos, pudieron golpearle rápidamente transformándose en salvajes homicidas.

Repica una y otra vez la misma pregunta: ¿Se resistió a darles el número de la caja metálica de color gris viejo de unos 40×30 centímetros, con ruleta en el medio, en la que guardaba buena parte de los ahorros de décadas de esfuerzo y algún pequeño tesoro familiar en forma de monedas de oro que habían aparecido en una de las paredes de la casa? Luis no era un entusiasta del capitalismo financiero y tenía ese popular recelo hacia la gestión que de los ahorros hacen los bancos.

Los asaltantes se llevaron también una pequeña caja metálica de color beige, en la que Luis guardaba billetes, y otra pequeña caja de caudales, de color azul verdoso, en la que depositaba las monedas para los cambios. También se echó en falta su mochila, tipo bandolera, en la que guardaba las llaves del Renault Laguna, las tarjetas de crédito y la de una conocida firma mayorista.

¿Gritó Luis? Energía tenía para hacerlo pero, si lo hizo, la llamada de socorro no llegó hasta los dos hermanos pastores, perdiéndose entre las paredes y la fría atmósfera de una noche de febrero, alejándose sus acompañantes, deshabitadas las viviendas más cercanas, cerradas a cal y canto las habitadas, bajada desde hacía rato la persiana metálica del bar de “La Concordia”, aparcados solo los coches del adjudicatario del bar y de un vecino del pueblo que se había ido con otros amigos a las Bodas de “Isabel de Segura”, y muda la campana de la vecina iglesia parroquial de “San Pedro”, la que de niño tantas veces había subido a tocar con el sacristán José Luis “el Gato”.

La iglesia fortaleza de chapitel madrileño de cerámica verde, excepción en el valle mudéjar, que marca el centro de una circunferencia desde donde se puede trazar radios a los miradores de las sierras ibéricas, a San Ginés, a Peña Palomera, a Valdellosa, a Santa Bárbara, a Peña Modorra, a Bañón y a El Avaricioso. La circunferencia de paisaje que recorría casi a diario y con el que se confundía Luis.

Fuentes Claras, integrado en el denominado triángulo de hielo (Calamocha-Molina de Aragón-Teruel), posee el récord en España de la temperatura más baja registrada en una zona habitada, 30 bajo cero un 17 de diciembre de 1963, el año que asesinaron al presidente Kennedy en Dallas y murió el Papa Juan XXIII, autor de la encíclica “Pacem in Terris”.

Los inviernos son muy largos, especialmente las noches, la primavera tarda a desperezarse anunciada por el sonido de las grullas, gru, gru, gru, cuando regresan a sus países de origen, y los vecinos, con una media de edad mayoritariamente elevada, cierran las puertas a cal y canto.

Los fuentesclarinos se recogen al refugio del calor familiar y de la televisión. Nada que ver con la infancia de Luis, a finales de los sesenta y principios de los setenta, cuando se vivía en la calle y, durante el día, las puertas de las casas estaban siempre abiertas para recibir al familiar, al vecino y al visitante.

La conexión de los fugados con Fuentes Claras

 

Algunos testimonios de personas cercanas a los dos fugados, recogidos por la investigación de la Unidad de la Policía Judicial de la Comandancia de la Guardia Civil de Teruel, apuntan a que Fadil el Hasnaoui habría abierto un negocio en el entorno de Tánger y a que Mohamed Cherkaoui habría adquirido una finca de olivos en una pedanía del centro de Marruecos, en la región de Tadla-Azilal, imágenes que, con la finalidad de convencerla para que se reuniera con él en Marruecos, envió en un vídeo telefónico a la pareja con la que convivía en Zaragoza y con la que tiene una hija que no ha llegado a conocer.

Cherkaoui, que se despidió precipitadamente de su pareja el domingo 22 de febrero aduciendo que la hija que tenía en Marruecos, Hiba, estaba enferma del oído, le había entregado, ya con la maleta roja en la mano, 900 euros para el cuidado del bebé que iban a tener al tiempo que, visiblemente alterado, le requirió a que no le dijera a nadie donde estaba ni preguntara nunca por el origen de ese dinero.

A su pareja le sorprendió que hubiera sustituido por unos “zapatos feos” sus habituales zapatillas blancas o de loneta azul marca “Adidas” cuyas huellas quedaron en la tierra de la “Fuentecilla”, en el camino de la “Dehesa”, donde inicialmente ocultaron el coche, y en el escenario del homicidio. Zapatillas que nunca aparecieron.

Debió ser a finales del verano de 2014 cuando El Fatmi le preguntó a su esposa Wassima si Luis Esteban tenía una caja fuerte en la vivienda, insistiendo en conocer su ubicación, si estaba en su habitación o en el sótano.

Según su segunda declaración ante los investigadores de la Guardia Civil de Teruel, Wassima, que había sustituido a su cuñada Hanane en la limpieza de la casa durante las vacaciones de verano de esta última, le contestó que no lo sabía, que al sótano solo había entrado una vez a por una caja de plátanos y que solo recordaba que estaba oscuro.

El FatmiWassima, que había estudiado enfermería en Marruecos y se ofrecía para dar clases de francés, y sus dos hijos. Yahia y Alae, de 6 y 3 años cuando sucedieron los hechos, sobrevivían con una ayuda social de 150 euros, el suministro de alimentos de la Cruz Roja de Calamocha y de algún vecino de la calle San Pedro.

La calle de San Pedro, la primera del municipio, de trazado medieval, arranca de la iglesia y en el número 4, a diez números y unos 60 metros de la familia marroquí, vivía Luis Esteban que, además, acudía casi a diario a un pequeño almacén de su propiedad anexo a la vivienda alquilada por El Fatmi.

En septiembre de ese mismo año, Rachid Lioumouri, que trabajaba en una empresa de reciclaje industrial en el polígono “Valdeconsejo” de Cuarte, llega a Fuentes Claras, acompañado de Fadil el Hasnaoui, para recoger la chatarra de otro marroquí, Said Kassimi. Allí se encuentran con El FatmiRachid se lo presenta a Fadil y los dos, El Fatmi y Fadil, entablan una conversación en uno de los bares del pueblo solo interrumpida por el trabajo de cargar la chatarra.

Según se desprende de la investigación, debió ser Rachid el que la noche del 21 de febrero contactó telefónicamente con El Fatmi para preguntarle si estaba todo listo y para avisar posteriormente a Fadil de que el único ocupante de la vivienda de San Pedro, 4, había salido de casa pasadas las ocho de la tarde como solía hacer todos los sábados. Rachid Fadil habrían contactado los sábados anteriores para confirmar el hábito de Luis y decidir el momento más propicio para el asalto.

Solo que no contaban con las dificultades para encontrar vehículo. Después de varias llamadas sin éxito de Fadil a sus contactos del Gancho tuvieron que recurrir al coche del padre de la pareja del último en incorporarse al grupo, Cherkaoui. Pasaba algunos minutos de la medianoche cuando salían de Zaragoza por el “Cuarto Cinturón” después de recoger a Rachid cerca de su domicilio en el barrio de Torrero.

Según el testimonio de Rachid, una vez cargada la caja fuerte en el vehículo Fadil se lamentaría de que ese retraso le había forzado a utilizar la violencia contra una persona.

En el viaje de regreso a Zaragoza escuchó las conjeturas de el Hasnaoui y Cherkaoui sobre una posible huida a Siria antes de que hicieran una larga parada en el entorno de Cariñena. ¿Intentaron abrir allí la caja fuerte en alguna nave que conocían o la escondieron para volver a recogerla con la luz del día –las cámaras de la autovía mudéjar detectaron un viaje de ida y vuelta a esa zona a primeras horas de la mañana- y trasladarla a una nave de Cuarte?

En esa nave de Cuarte, el Hasnaoui y Cherkaoui habrían destrozado las tarjetas de memoria de sus teléfonos para que primero se perdiera su rastro virtual, las llamadas y mensajes de sus parejas a esos números ya nunca recibieron respuesta, y después el físico al desembarcar en Nador.

Contrariamente a lo declarado, los investigadores creen que Rachid conoció el homicidio de Luis la misma noche del 22 dejando abierta la hipótesis de que pudiera ser el segundo hombre que asaltó la casa. El Fatmi le llamó ese domingo por la tarde desde la cabina telefónica de la plaza del Ayuntamiento de Fuentes Claras para asegurarse de que todo había salido como lo habían planeado. Los investigadores también creen que, antes de que apareciera el cadáver, el Fatmi habría sabido que Luis había fallecido.

El asalto

Cuando aparece el cadáver de Luis, y la noticia corre como la pólvora, también por el barrio del Gancho donde vivía Fadil, les entra el pánico y Rachid y El Fatmi, que había ido esa misma mañana a Calamocha a recoger alimentos de la Cruz Roja, quedan el martes 24 en la plaza de Santo Domingo de Zaragoza donde de común acuerdo habrían decidido callar, poner tierra de por medio, y no volver a verse.

De hecho, El Fatmi se desplazó precipitadamente, dejando a su esposa y a sus dos hijos sin recursos económicos, hacia Tobarra (Albacete) donde trabajaba como jornalero agrícola su hermano Youness y, desde allí, a los pocos días, concretamente el sábado 28 de febrero, los dos hermanos viajan en un ferri desde Algeciras a Tánger, en compañía de otro marroquí, para permanecer hasta mediados de abril en Marruecos. El Fatmi llevaba ya una semana en casa de sus padres cuando hizo la primera llamada telefónica a Wassima.

 

Antes de que esa noche se desencadenara la demencial violencia que acabó con la vida de LuisEl Fatmi había cenado en casa con su mujer y unos vecinos marroquíes y, después, se había acercado hasta la vivienda de sus cuñados Said y Hanane, que no respondieron a su llamada, para pedirles algún medicamento contra el dolor de muelas que atormentaba a Wassima. Un dolor de muelas que, alrededor de las cuatro de la noche, les obligó a acudir al Centro de Salud de Calamocha pasando por la vivienda en la que Luis ya era cadáver desde hacía al menos una hora.

Entre la una y las dos y media de la noche, El Fatmi y Rachid contactarían telefónicamente en varias ocasiones más, antes y sobre todo después de que el segundo, Fadil el Hasnaoui y Mohamed Cherkaoui, llegaran alrededor de la una y diez a la la plaza de Fuentes Claras en un Golf rojo, de gasolina y de dos puertas.

Cherkaoui se lo había pedido “para ir a trabajar” al padre de su pareja, con la que vivía en el barrio de Las Fuentes, como había sucedido en alguna ocasión anterior para desplazarse a recoger fruta a Calatayud o cebollas a Boquiñeni.

El propietario del coche declararía ante la Guardia Civil que le sorprendió encontrarse un tique de gasolina expedido a las cuatro menos cuatro minutos de la noche en la estación de servicio “Campo de Romanos” de Villadoz. Le extrañó por la hora y porque Cherkaoui, que no andaba sobrado de dinerodesapareciera inesperadamente el mismo día que había llenado el depósito. El propietario del coche también detectó que habían roto uno de los pivotes de la bandeja del maletero. ¿Pudo ser al introducir la caja fuerte?

Según el hilo de la investigación, El Fatmi les habría indicado la ubicación de la vivienda y donde dejar el Golf rojo para que pasara desapercibido, en concreto en una calle, la calle de la Dehesa, casi frontal al callejón por el que se accedía a la casa de Luis, una calle al final de la cual se podía esconder un vehículo sin riesgo de ser visto, justo en un acceso a las huertas, detrás de la última vivienda.

Las probabilidades de testigos se reducían porque era una noche de invierno en el valle en altura, a casi mil metros de altitud, y porque ya habían regresado desde Teruel los que, como la familia de Carlos Corella, se habían desplazado a celebrar las Bodas de Isabel de Segura. La cámara de visionado que Luis había ordenado instalar en la tienda era de pega, no grababa.

El coche pasó desapercibido pero sí que quedaron sobre la tierra las huellas de unas zapatillas deportivas “Lacoste”, modelo “Toran AG SPM”, y de otras “Adidas”, modelo “Neo Easy Tech”, huellas que los especialistas en criminalística de la Guardia Civil volverían a encontrar en la vivienda deshabitada del callejón y en la vivienda de Luis.

Como reconoció su esposa, El Fatmi regresó a su casa visiblemente nervioso, incapaz de conciliar el sueño, y pendiente de uno de los tres portátiles de prepago que utilizaba, dado de alta a nombre de una australiana residente en Barcelona para camuflar las llamadas.

Según los investigadores, una práctica habitual en el mundo de la delincuencia. Un surtido de móviles a nombre de otros para escaparse de la acción policial que, paradójicamente, acaban convirtiéndose en uno de los principales medios para avanzar en la investigación rastreando las llamadas y los repetidores de los operadores de telefonía portátil. La tecnología acabó convirtiéndose en uno de los principales aliados de los guardias civiles.

 

Según su versión, Rachid se habría quedado al cargo del coche a la espera de que le llamara Fadil que, junto a un acompañante, habría accedido a la vivienda de Luis desde la contigua deshabitada después de intentar forzar sin éxito con una llave inglesa y con una herramienta manual eléctrica el bombín de la puerta.

Al final, optaron por agarrarse a la reja de la ventana que da al callejón para acceder al balcón y, desde allí, entrar en la vivienda deshabitada que se comunicaba con la de Luis a través de unas trampillas, junto al palomar, por las que se accedía desde dentro a los tejados de las dos viviendas.

Después de abrir la trampilla bajaron al sótano donde sabían que se encontraba la caja fuerte. Al menos en una ocasión subieron las escaleras para coger una manta en la habitación que dormía Luis, la más cercana, para desplazar más fácilmente la caja fuerte que guardaba los ahorros de muchos años de esfuerzo, de hacer kilómetros por la noche con la única compañía de la radio, y algún pequeño tesoro familiar de monedas antiguas.

 

Especie protegida

Fueron muchos años de viajes nocturnos a Mercazaragoza, de ojeras y de generosa vocación ambulante porque Luis ya había inventado la tienda de los que no tenían tienda o de los que tenían movilidad reducida en unas comunidades rurales muy envejecidas. La comarca del Jiloca tiene casi 2.000 kilómetros cuadrados de extensión, el doble del término municipal de Zaragoza, con menos de 15.000 empadronados: 7 habitantes por kilómetro cuadrado. Desierto demográfico.

Luis vivía solo desde finales de noviembre de 2014 cuando, de común acuerdo con su hermana, Mercedes, que reside en Barcelona, decidieron llevar a su madre de 86 años, Francisca, con la que mano a mano llevaba a diario la tienda y a la que tanto se parecía, a la residencia de los Hermanos Franciscanos de la Cruz Blanca de Burbáguena, a 21 kilómetros de Fuentes Claras.

Desde ese día, Luis se quedó sin ayuda doméstica porque el Corán prohibía a la asistenta musulmana entrar en las viviendas de solteros. El mismo arreglaba la casa, cocinaba, llevaba con entusiasmo la tienda y los domingos visitaba a su madre.

El domingo 22, Francisca echó de menos su visita pero debió tranquilizarse pensando que Luis se habría quedado dormido, o le habría surgido alguna inesperada obligación, o algún compromiso con los amigos del fútbol (el del hotel “Fidalgo” de Calamocha, el del concesionario de la “John Deere”, el médico y el enfermero del hospital “San José” de Teruel) con los que acudía regularmente a “La Romareda”. Ese domingo, el Real Zaragoza, que le quitaba el sueño a Luis y que más de una vez había fantaseado con comprarlo para cambiarle la dinámica perdedora, jugaba fuera, perdió 4-0 contra el Alavés en Vitoria, en “Mendizorroza”.

Su hermana Mercedes llamó alrededor de las cinco de la tarde sin recibir respuesta a su número de teléfono, el primer síntoma, que solo podría asociarse y confirmarse horas después, de que algo no iba bien. Para entonces, Luis ya llevaba muerto catorce horas y los que lo habían matado iban camino de Almería – no se ha podido comprobar cómo se desplazaron, si cogieron un autobús o alguien los llevó desde Zaragoza- para coger el ferri a Nador presumiblemente con todo lo robado a cuestas.

Mercedes habló por última vez con su hermano el viernes 20 alrededor de las diez de la noche. Surgió en la conversación una deuda de entre 500 y 600 euros de unos clientes de la tienda que llevaba varios meses sin poder cobrar. Luis tenía por costumbre guardar en un dietario de tapas negras, que solía dejar encima del mostrador, los tiques de los pequeños deudores a los que adelantaba género y, posteriormente, le pagaban: la confianza propia de una sociedad pequeña, de una comunidad casi familiar.

No solía utilizar tarjetas de crédito, pagaba en efectivo, y en los últimos tiempos, aconsejado por su hermana, auxiliar de enfermería en el hospital “Vall d´Hebron”, había empezado a tomarse en serio su salud, estaba decidido a acudir a médicos especialistas, porque tenía sobrepeso, era hipertenso y sufría de apnea en el sueño. Aquel chaval de piernas cortas, de los que regateaban atropelladamente, sin levantar la cabeza, en las eras del “Chato” y de las “Valeras”, había engordado con el paso de los años sin perder un ápice de actividad.

Luis era un activista de lo que el escritor Sergio del Molino ha titulado España vacía o Laponia española el periodista valenciano Paco Cerdá y Jordi Évole en “Salvados”, de los que se podrían considerar como especie protegida, que igual atendía a los abuelos y enfermos, que patrullaba con su camión “Iveco” color verde a cualquier hora por las calles del pueblo repartiendo conversación y energía, que encabezaba el grupo de tambores y bombos de la Cofradía de la “Sangre de Cristo” o la peña zaragocista “Torrijana” cuyos integrantes, su segunda familia, le homenajearon el domingo siguiente a su fallecimiento improvisando en su asiento de abonado un pequeño altar, con flores y una gran fotografía suya.

Un luchador contra el síndrome de Ainielle, de “La lluvia amarilla”, del escritor leonés Julio Llamazares, un libro que desde hace muchos años es una referencia para los sensibles a la despoblación, al abandono de los pueblos, a las ruinas de una cultura, y a la evocación de una patria/arraigo que nos conecta con la infancia rural.

En la caja fuerte que no ha aparecido, Luis guardaba los ahorros que algún día podría dejar a una de las mayores alegrías de su vida, David, su sobrino del alma, del que se sentía tan orgulloso, le brillaban los ojos cuando hablaba de él, de su formación, de sus desvelos por abrirse camino en la profesión periodística, y de su altruismo e iniciativa que canalizó, cuando Luis ya no podía contarlo a sus amigos, en la ayuda a los refugiados fundando con otros voluntarios la Comunidad Eko, que ha habilitado una abandonada gasolinera en la frontera entre Grecia y Macedonia como guardería, escuela, cocina y espacio creativo para las mujeres.

La iniciativa mereció uno de los Premios del Ayuntamiento de Barcelona que lleva el nombre de un luchador antifranquista aragonés, cristiano por el socialismo y fundador del Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC), fallecido en 1980: Alfonso Carlos Comín.  David, qué orgulloso se hubiera sentido su tío, fue también portavoz de Eko en el gran concierto en solidaridad con los refugiados en un abarrotado Palau de San Jordi de Barcelona el pasado 11 de febrero en el que, entre otros, actuaron Serrat y Llach.

 

La noche que le mataron a golpes, debajo de su cazadora oscura y de su camisa de cuadros llevaba la camiseta del Real Zaragoza, una pasión que se confundía con su piel. Si hubiera podido, hubiera comprado la sociedad anónima para intentar sacarlo del pozo de la Segunda División. Además de la Copa del Rey de Montjuic, que ganó el Zaragoza a los denominados galácticos del Real Madrid en 2004, y la graduación de su sobrino David en Barcelona, uno de los días más felices de su vida fue el de su retirada por antigüedad como cofrade en activo de la “Sangre de Cristo”.

Una fiesta en Villalba de los Morales, un barrio de Caminreal con menos de 50 empadronados, hasta donde acuden los penitentes fuentesclarinos al menos desde el siglo XVI en acción de gracias, en la que abundaron las jarras de chocolate, los bizcochos y las bandejas de galletas y dulces.

Luis posó aquel día sosteniendo una cruz abrazada con la bufanda del Real Zaragoza. Rodeado y reconocido por su mundo, por el mundo en el que había permanecido desde niño en la escuela, jugando en las eras, como monaguillo, haciendo peña con los amigos y sobre todo volcándose con una tienda que era un espacio de diaria convivencia. ¡Alvarico! ¿Qué?…..Albaricoque. Era la broma que le gastábamos todos los que le queríamos. La llamada de su madre, Francisca, era más enérgica: ¡Luisssssss! y Luis acudía raudo y veloz ante la imperativa llamada materna.

Generoso protagonista de una tradición ambulante a la que se apuntó desde muy joven, querido por todos, de Fuentes Claras y de todos los núcleos de alrededor, tutelado primero por su padre, Álvaro, un hombre de carácter fuerte que le enseñó el oficio de la venta, y después en solitario.

Todos somos Luis

 

Luis Esteban Zorraquino se confundía con el paisaje del pueblo y de la comarca, era uno de los nuestros: activo para impulsar el grupo de tambores y bombos, para fundar la Peña “Torrijana” del Real Zaragoza o para defender a los autónomos. Entusiasta, solidario y vitalista. Era un tenaz vendedor de ultramarinos, pero también era un gran comercial allá por donde fuera de la marca Fuentes Claras y de la marca Jiloca, un incansable transmisor de nuestros valores de buena gente”.

Bajo el lema “Todos somos Luis”, estas palabras se leyeron el domingo 1 de marzo en la plaza del Ayuntamiento en la que se concentraron centenares de personas, mayores, jóvenes, niños, alcaldes, concejales, amigos y conocidos del Jiloca y de más allá del Jiloca, profundamente abatidos pero de pie, con la serenidad, la firmeza y la dignidad de las comunidades rurales, para proclamar ante su hermana Mercedes y su sobrino David que iban a guardar siempre su memoria, que no iban a olvidar nunca a Luis.

Los alcaldes de la comarca redactaron un Manifiesto en el que se leía “esta triste noticia ha sembrado en nuestros corazones una gran desazón ante las situaciones de inseguridad provocadas por delincuentes en el medio rural. Somos conscientes del trabajo que los agentes de seguridad realizan en el territorio y agradecemos el esfuerzo, dedicación y cercanía con que lo asumen”.

Y después del merecido reconocimiento, la reivindicación: “exigimos a las autoridades competentes, en toda la escala administrativa, que pongan a su disposición más medios materiales y humanos para terminar con estos sucesos. Sabiendo que hay circunstancias en nuestro entorno rural que hacen más difícil su tarea como son la despoblación, el envejecimiento de nuestros vecinos o la gran amplitud de territorio no habitado, solicitamos que se valore la declaración del medio rural como zona de especial protección por parte de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, empleando los medios y recursos necesarios tanto a nivel de personal como tecnológico o material”.

Fue un Manifiesto, que descolocó a autoridades gubernativas y mandos de la Guardia Civil, que no acababan de entender la conmoción y la presión ciudadana cuando la provincia de Teruel es la de menor tasa de criminalidad de España y cuando casi se puede contar con los dedos de la mano el número de homicidios cada cien años.

No cayeron en la cuenta de que Luis era el prototipo del resistente en la España interior contra la agonía demográfica y la desaparición de un modo de vida y de una cultura, de que su vacío era enorme y de que las circunstancias en las que le mataron, con ensañamiento y en pleno centro del pueblo, a escasos metros de la iglesia parroquial y de la plaza, centrifugaban en pleno invierno el miedo en un ámbito de soledad, envejecimiento e indefensión.

La mayoría de los vecinos dormían a pocos metros del lugar del crimen y, sin embargo, no pudieron evitarlo. ¿Puede haber mayor sentimiento de inseguridad? Las ventas de alarmas y de cerrojos se dispararon durante los días siguientes y, quién más y quién menos, supervisó con el corazón encogido las trampillas de los tejados.

Un ejemplo revelador. Hace unos meses, el Pleno municipal de Bronchales envió una carta al subdelegado del Gobierno en Teruel reclamando más guardias civiles, alarmados por los asaltos a empresas y garajes en la Serranía de Albarracín, uno de los territorios de España más despoblado, disperso y envejecido, con densidades de 2 habitantes por kilómetro cuadrado. Curiosamente, de ese municipio salió un temerario joven en paro con su coche en plena noche un 19 de diciembre, va a hacer ahora tres años, para empotrarlo contra la sede del PP cargado de bombonas de butano y sacos de fertilizante ocasionando importantes daños materiales.

Por esos días, la Agrupación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) hizo público que las cifras de agentes estaban rozando “límites peligrosos para mantener la seguridad ciudadana”. Según la AUGC, en apenas tres años, en la provincia de Teruel, casi 15.000 kilómetros cuadrados de extensión, se había bajado de 800 a 580 guardias civiles, 220 menos. Denunciaron también que faltaban vehículos y que una única patrulla atendía dos extensas comarcas, las de Teruel y Albarracín.

La recomendación de ese colectivo fue que los agricultores, ganaderos y autónomos, interpusieran denuncias, que salieran del fatalismo de que «no sirve para nada y encima perdemos el tiempo», porque es el único modo de ajustar las estadísticas a la realidad en áreas vacías y con baja actividad económica. Lo que es indiscutible es que en las comunidades rurales la percepción de inseguridad se ha extendido en los últimos años.

 

La última salida

 

Habían quedado en “La Curva”, el bar más próximo a la plaza del pueblo en el que confluyen tres calles, la de Enmedio, la de la Fuente y la del Frontón. Luis y los dos amigos a los que quería como hermanos tomaron sus consumiciones de pie en la barra. Luis, agua, cuando tenía que conducir solo bebía agua. Como se dice en los pueblos, mudados y listos para cenar fuera y patrullar por los clubs nocturnos de luces de neón en un radio a veces de hasta cien kilómetros.

Antes de salir del bar, este cronista se acercó y le comentó a Luis que ya podía haber sido el ganador unos días antes del bote de “Pasapalabra”, del popular concurso de “Tele 5”. Nada más y nada menos que 354.000 euros había conseguido el inspector jefe de la Policía de Manacor, un aragonés de 42 años llamado también Luis Esteban que, en su cuarta etapa en el programa, había acertado las 25 definiciones del rosco.

El conductor, Christian Gálvez, había leído la definición 25: “oración de los musulmanes”. Inmediatamente, la respuesta del inspector Luis Esteban: “zalá”. Silencio expectante hasta que se escucha gritar al conductor de “Pasapalabra”: ¡correcto! 354.000 euros que el inspector de Policía, licenciado en Derecho y autor de la novela “El inspector que ordeñaba vacas”, quiso destinar a cancelar su hipoteca, a hacer una generosa donación a Cáritas porque entendía que era una obligación moral ayudar a la gente necesitada, y a pagarse un viaje con su familia en un crucero.

“Zalá”, la oración de los musulmanes que no detuvo esa noche el presunto ensañamiento de Fadil el Hasnaoui y de su acompañante con Luis, presumiblemente desquiciados ante la posibilidad de que pudiera identificarlos y acabaran en prisión. El Corán, “si alguien mata a una persona sería como si matase a toda la humanidad”, debería estar atormentando sus conciencias, debería estar royendo sus almas cada noche cuando se vayan a dormir en algún lugar de Marruecos.

Al comentario del cronista, respondió Luis con la ancha y pícara sonrisa de niño grande que le caracterizaba fijando sus ojos saltones en su interlocutor sin que este último notara nada extraño en su expresión salvo la bendita rutina de un sábado de cena con los amigos, en este caso en el restaurante “Molina” de Calamocha (ensalada, filete de ternera, postre y agua), y parada en el “Panter” de Mainar, después de descartar el “Bahía” de Calamocha que esa noche estaba flojo de ambiente.

Ni este interlocutor ni Luis podían adivinar que el azar había empezado a barajar las cartas que iban a determinar que “tic, tac…” le quedaban algo menos de seis horas de vida. Desde entonces, este cronista ha intentado recordar muchas veces algo que le llamara la atención en su expresión, en su mirada, el reflejo quizá de un reloj con la arena casi agotada, pero siempre ha llegado a la misma conclusión de que era el mismo Luis de siempre, el mismo Luis de todos los sábados, excitado y jovial como un niño travieso.

Como sucede en las novelas de Paul Auster, quizá no exista nada más previsible que lo imprevisible. El autor de “El libro de las ilusiones” y “4,3,2,1” afirma que lo inesperado, que esos minutos arriba, minutos abajo, que salvan o se llevan una vida por delante, es parte de la realidad y que continuamente nos vemos transformados por las fuerzas de la coincidencia. También en un pequeño pueblo del Jiloca turolense en el que, hasta donde nos llega la memoria, y dejando al margen la guerra civil, no hay precedentes de un hecho violento como este.

Según se desprende de la investigación, más o menos a esa hora Rachid Lioumouri, el contacto de El Fatmi, ya sabría que Luis, como hacía habitualmente todos los sábados, había salido de casa. Lioumouri habría entrado en contacto con Fadil el Hasnaoui y este con Mohamed Cherkaoui pero la salida de Zaragoza se retrasó más de lo previsto, hasta la medianoche, porque, después de varias llamadas infructuosas a conocidos del «Gancho”, no encontraban vehículo para desplazarse hasta que Cherkaoui consiguió las llaves del coche del padre de su pareja, un Golf rojo, con la excusa de que lo iba a necesitar para trabajar.

Podría haber coincidido que cuando Luis y sus amigos llegaban al “Panter”, los hombres que le iban a quitar la vida circulaban en sentido contrario a esa altura de la autovía, camino de Fuentes Claras. Bajo el cielo calmado y estrellado de un fría noche de febrero, pudieron incluso llegar a cruzarse los vehículos, el Renault Laguna y el Golf rojo.

En ese momento, además de ellos tres, en el “Panter” solo había un cuarto cliente. Luis pidió un botellín de agua, salió unos minutos a responder una llamada telefónica, se entretuvo metiendo monedas en la máquina recreativa y, como la prostituta con la que solía subir a las habitaciones se había ido con otro cliente, decidió pasar media hora con una brasileña con la que iba a estar por primera vez.

La brasileña lo describió como una persona afectiva y necesitada de cariño, “estaba muy carente de amor”, que le había hablado de su profesión de vendedor. Antes de despedirse alrededor de la una y media de la noche, Luis le dijo que regresaría. No podría cumplir su promesa.

Como tantos solteros magnetizados por la casa y la actividad familiar, como apoyo y compañía de la madre o el padre, o de los dos, Luis habría descubierto hacía tiempo que, en un entorno cada vez más masculinizado, el sexo de pago era la mejor manera de ahorrar tiempo y energías en la seducción y, de paso, evitar posibles rechazos. Un reciente estudio de la Facultad de Trabajo Social de la Universidad Complutense revela que España es el tercer país del mundo, y el primero de Europa, con mayor demanda de sexo de pago.

La novedad de la compañía y la euforia después de salir del “Panter” fue la última emoción placentera, envuelta en perfume y caricias femeninas, que Luis vivió una hora, hora y media, antes de que le quitaran la vida.

 

Luis, Francisca, Mercedes, David

Luis era un hombre de raíces en el sentido unamuniano de la palabra, de los que se reafirmaban en que la única manera de ser universal –ese testigo que tan admirablemente ha recogido su sobrino David– es ser local, buscar hacia adentro, no hacia afuera.

También era de los que se aferraba a que el sueño de eternidad del hombre está en la sucesión generacional, en que alguien –en este caso su sobrino David, un millenial crítico, comprometido y digital, de los nacidos entre 1982 y 2004, de la generación de los sueños rotos por el estallido de las “burbujas”, “pelotazos” y corrupción- recogiera como en la párabola los talentos de su esfuerzo, de sus desvelos y de su pasión por el trabajo.

Francisca, que falleció el pasado 18 de octubre agotada de respirar, le rompieron bruscamente a los 86 años el hilo generacional. Las leyes de la naturaleza saltaron por los aires. Es un sinsentido devastador despedir para siempre a un hijo con el que has convivido codo con codo durante 58 años, con el que te has alegrado, con el que has discutido, con el que te has mimetizado física y mentalmente, por ejemplo en el trato con los clientes, en la forma de vender, en la mirada de sorpresa, en la dependencia afectiva de la una y el otro, del uno y de la otra.

¿Cómo puede aceptar una madre de 86 años que lo más trágicamente imprevisto ha sucedido? Que le han matado a su hijo con ensañamiento en su propia casa, en el santuario familiar, para llevarse la caja fuerte del sótano. Son porqués sin respuesta., ¿por qué esa pérdida?, ¿por qué a nosotros?, ¿por qué, por qué, por qué?

Francisca –la recuerdo en el funeral desconcertada y abatida en su silla de ruedas- ya no tenía fuerzas para desafiar y retar a un ser superior, esfuerzo inútil por otra parte, a que bajara a la tierra a darle explicaciones. Solo le quedaba refugiarse en la fe o en el misterio.

Le quedó también llorar y reanimarse con el calor de su hija Mercedes y de su nieto David. De la valiente hija que un buen día decidió correr riesgos, salir de la asfixia de una comunidad pequeña, del cascarón familiar, para construirse en Barcelona una nueva vida con su esfuerzo, su amor propio y su mente abierta, y del nieto mundializado en el que su tío Luis personalizaba el salto hacia adelante que él no había podido dar: la carrera universitaria, los idiomas, la rebeldía, el compromiso con los desfavorecidos, con los que huyen de la guerra, del hambre o de la persecución en las fronteras de la vergüenza, y el reconocimiento a su voluntariado y profesionalidad en una gran ciudad como Barcelona, una de las más sensibles con los derechos humanos.

En los últimos meses, cuando la podían llevar su hija y su nieto, o sus familiares, Francisca visitaba el cementerio de Fuentes Claras donde recordaba a su hijo, imaginaba cómo hubiera sido el resto de su vida y visualizaba que era él quien la despedía a ella.

En alguna ocasión, sentada en la entrada del cementerio en un banco de madera, orientado hacia el suroeste, hacia las hermosas puestas de sol del valle del Jiloca, advirtió a los que la saludaban que no metieran en casa a gente extraña, que a ella tener buen corazón le había pasado una factura insoportable de dolor ya al final de su vida.

El suyo era un consejo a la vez de protección y de desconfianza hacia quienes mataron a puñetazos a su hijo. Francisca establecía una relación de causalidad entre esa generosidad, “yo les abrí las puertas”, y la muerte de su Luis.

Paralela al duelo, se pudo observar durante muchos meses en Fuentes Claras la imagen de un adolescente, Mustafá, que pasaba las tardes de los fines de semana en la más completa soledad, sentado en las escaleras de acceso al Ayuntamiento, conectado al wifi de la Intranet rural, y absorto en la pantalla de su teléfono inteligente.

Horas y horas de aislamiento virtual, horas y horas de incomunicación oral, si acaso el saludo excepcional de algún vecino, horas y horas de coexistencia que no de convivencia.

Mustafá personalizaba las consecuencia de una situación indeseada, enrarecida, con algún que otro brote de ira, en la que las responsabilidades individuales terminan generalizándose injustamente a todo un colectivo y, a veces, a toda una religión. Mustafá y su familia ya no viven en Fuentes Claras, como la mayoría de las familias marroquíes migraron hacia otros municipios del entorno o hacia Zaragoza, y la escuela se ha quedado más vacía y con pocas esperanzas de relevo generacional.

La mecha de la exclusión la encendieron quienes planearon un robo en la casa de un tendero con un corazón tan grande que no le cabía en el pecho, de una referencia afectiva de las comunidades rurales, del Jiloca y, de como mínimo, los 180 kilómetros de la autovía mudéjar, de la A-23, entre Zaragoza y Teruel.

En la lápida que guardará la memoria de Luis de generación en generación, mientras viva alguien que le recuerde, se lee: “Que tu sonrisa se quede para siempre y que tus manos no dejen de soñar”.

Otros, Fadil el Hasnaoui y Mohamed Cherkaoui, tendrán que cargar en su conciencia con la condena de haber matado a un hombre bueno, de haber causado un daño irreversible a una familia y de haber golpeado por los siglos de los siglos a una pequeña y pacífica comunidad.

Fotos:

  1. Fadil el Hasnaoui
  2. Fadil el Hasnaoui
  3. Rachid Lioumouri
  4. Rachid Lioumouri
  5. Puerta de entrada a la tienda
  6. Iglesia de Fuentes Claras
  7. Mohamed Cherkaoui
  8. Mohamed Cherkaoui
  9. El Fatmi Chafnaje, «Diario de Teruel»
  10. La Fuentecilla
  11. Vivienda deshabitada contigua a la de Luis
  12. Vivienda deshabitada contigua a la de Luis
  13. Luis, en Villalba de los Morales
  14. El viejo camión familiar
  15. Concentración 1 de marzo
  16. Concentración 1 de marzo
  17. Inspector Luis Esteban
  18. El Fatmi Chafnaje
  19. David, en la concentración del 1 de marzo
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Plácido Díez

Plácido Díez es licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) en 1981. Sus primeros pasos los dio, aún como estudiante de periodismo, como colaborador del Diario de Teruel (1976-1978) y posteriormente como redactor y reportero de la revista Andalán (1980-1982).

Ya como periodista titulado su trayectoria ha sido amplia y variada, siempre en medios de información aragonesesː

Redactor del diario El Día de Aragón desde 1982 y director de 1987 a 1990.
Director adjunto del diario El Periódico de Aragón, de 1990 a 1992.
Redactor Jefe del programa de televisión Línea América coproducido por la Agencia EFE y Manuel Campo Vidal. Realizado desde España para Hispanoamérica coincidiendo con los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Expo de Sevilla, de 1992 a 1994.
Corresponsal del diario El Mundo en Aragón, 1994.
Jefe de Prensa de la Diputación General de Aragón, de 1995 a 1997.
Director de Informativos y Contenidos de Cadena SER Aragón y conductor del programa La Rebotica de la misma emisora, de 1997 a 2013.
Director de comunicación del Ayuntamiento de Zaragoza de 2014 a 2015
​Actualmente es técnico de comunicación de Cuarto Espacio, unidad de la Diputación de Zaragoza de apoyo a los pequeños municipios de la provincia y lucha contra la despoblación, desde 2015; contertulio de Mesa de Redacción, de Zaragoza TV, así como colaborador en Localia TV y colaborador del medio digital Eldiario.es en Aragón.