CULTURA OPINION

El respeto y la dignidad no se compran

El acceso a la Universidad hasta la llegada de la Transición, fue un coto prohibido para la clase trabajadora. Estaba reservado exclusivamente para aquellos que se la podían pagar, independientemente de su capacidad intelectual. Muchos talentos se perdieron por qué las familias no disponían tan apenas de lo necesario para alimentar a sus hijos. La universalización de la educación con la llegada de la democracia permitió que todo aquel que tuviera capacidad, pudiera optar a estudios superiores. Esta situación ha generado que nos acostumbráramos a encontrar  a jóvenes que presentaban currículos muy densos sin haber cumplido los treinta años de edad.

Por estos títulos y la universidad, llevamos muchos días inmersos en un ruidoso debate en los medios de comunicación. La polémica generada por las filtraciones periodísticas, ha provocado la dimisión de la Presidenta de la Comunidad de Madrid y  ha puesto en la picota a más de algún político español que adornaba sus currículo con títulos y merecimientos que no habían ganado o que presuntamente había conseguido obteniendo tratos de favor de correligionarios o valiéndose de influencias obtenidas a través de los círculos de poder en los que se mueven.

Este debate nos está sirviendo para comprobar una vez más que la sociedad española se camina en dos niveles que cada día se separan mas y que marcan la diferencia entre una clase acomodada  forjada en las elites del poder político y económico y otra que está sometida a aquella referencia bíblica “ganaras el pan con el sudor de tu frente”.

Y este pan ya no se refiere exclusivamente a su descripción literal como alimento o sustento, sino a todos los elementos que conforman el desarrollo integral de una persona, la salud, la educación, el bienestar, el ocio, el respeto o la dignidad.

En la mente de todos está el caso de hijos de algún conocido que habiendo obtenido resultados brillantes en la universidad no ha podido completar sus estudios de post-grado o de máster, porque en su familia la crisis se llevó  los ingresos que lo hacían posible y que los recortes aplicados por el gobierno redujeron  las ayudas a unos niveles que expulsaron a muchos estudiantes de la universidad.

Mientras tanto, estamos comprobando la picaresca de unos cuantos “listillos” que aprovechándose de su posición social y de sus áreas de influencia política y económica obtienen réditos personales sin ningún merecimiento. Se han perdido el respeto a sí mismos  y han perdido su dignidad.  De paso faltan al respeto a los que consiguen sus títulos dentro de los cauces académicos, a los ciudadanos que con sus impuestos mantienen el sistema y a la propia  Universidad.

Para toda esta gente debía de quedar claro un mensaje “el respeto y la dignidad no se compran, se ganan”.

Fernando Carnicero